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Enrique García Vargas, Dario Bernal Casasola, José Juan Díaz Rodríguez, «Beltrán IIB (Baetica coast)», Amphorae ex Hispania. Landscapes of production and consumption (http://amphorae.icac.cat/amphora/beltran-iib-baetica-coast), 08 July, 2016

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Estas ánforas salazoneras de época alto y medio imperial fueron de las primeras en ser bien sistematizadas tipológicamente de la mano de M. Beltrán, investigador que las bautizó como la forma II B entre las “imperiales españolas” (1970, 433-444). Años después, al hilo de los trabajos en Ostia (Panella, 1973) y Pompeya (Manacorda, 1977) la nomenclatura se consolidó y, a pesar de algunos conatos de redefinición tipológica, la clasificación se mantuvo prácticamente inalterada con posterioridad (Peacock y Williams, 1986, 124-125). Actualmente se considera que derivan nítidamente de las Dr. 7/11 altoimperiales, especialmente de la forma 11.

Figura 1.- Beltrán II B completa de la necrópolis de Puerta de Tierra – Cádiz, conservada en el Museo de Cádiz (nº inv. 11143, foto D. Bernal)

En fechas más recientes se ha establecido una subdivisión de la forma en dos subtipos, A y B, y a pesar de que se ha puesto de manifiesto su total autonomía respecto a las IIA, como todos los autores consideran con claridad, se mantiene esta denominación por su notable consolidación y habitual empleo en la literatura especializada (García Vargas, 1998, 108-110).

La morfología del envase es muy característica (figura 1), constando de una amplia boca acampanada, con borde exvasado de sección triangular o redondeada, y un estilizado cuello en forma de hipérbole, de mucho menor diámetro que el de la boca, lo que las diferencia de la Beltrán IIA. Las asas son alargadas y de grandes dimensiones, con secciones ovaladas, siendo muy difícil a nivel fragmentario su adscripción al tipo, confundiéndose con otras series béticas (Beltrán II A especialmente, al no estar habitualmente molduradas al exterior frente a las Dr. 7/11). El cuerpo es piriforme, y el pivote de grandes dimensiones, troncocónico invertido y hueco, en ocasiones rematado en un apéndice de botón, dotando al ánfora de unas notables dimensiones. En la variante más antigua (Beltrán II B A) el borde suele presentar aún un escalón o moldura de transición antes del cuello, detalle heredado de otras producciones salsarias béticas del Alto Imperio, además de encontrarse muy desarrollado hacia el exterior, dejando un amplio espacio entre la parte superior del asa. Otro detalle distintivo de esta primera variante es la nítida separación entre la parte baja del cuello y los hombros, mediante una moldura. Por último, en esta variante precoz el cuerpo no presenta un aspecto piriforme tan acusado, caracterizándose por su morfología ovoide, en relación con otras formas salsarias béticas de la familia de las Dr. 7/11 (figura 2).

Figura 2.- Beltrán II B, variante A (según García Vargas, 1998, 325, fig. 7, 2)

La segunda variante es, cronológicamente, la más tardía (figura 3), y se caracteriza por disponer de un borde que normalmente no marca la transición con el cuello, al tiempo que el mismo suele apoyarse directamente sobre la parte superior del asa, preludiando una característica que será propia de las series béticas severianas y posteriores. La nítida separación precedente entre el cuello y la panza ha desaparecido, y parece ir agudizándose progresivamente la tendencia piriforme del envase, cuyo pivote, adicionalmente, va reduciendo tu tamaño. En algunas ocasiones también aparece rematado por un apéndice de botón, siendo éste un síntoma claro de modernidad. Destacar, por último, que su evolución tipológica, en pleno s. III, desemboca en las Keay XVI.

Figura 3. Beltrán II, variante B, del pecio Tiboulen de Maïre (Sciallano y Sibella, 1991, 60)

Desgraciadamente, hasta la fecha, esta clave diferenciación de variantes no ha tenido excesivo reflejo en la literatura especializada, a pesar de su interés.

Un examen detallado de los ejemplares completos, procedentes normalmente de pecios (Sciallano y Sibella, 1991, 60; Liou, 2001, 1085, lám. X; o recientemente el alicantino de Bou Ferrer: De Juan, Cibecchini y Vento, 2011, 187-190) permite advertir la diversidad de ejemplares, especialmente de aquellos pertenecientes a las variantes más tardías del s. II d.C. Un problema de base para poder precisar tipológicamente es la ausencia de excavaciones de talleres alfareros béticos costeros entre momentos tardoflavios y antoninianos, por lo que por el momento no es posible verificar si las variantes de bordes y formas detectadas remiten a diversos focos productivos o a una evolución cronológica general.

Indicar, por último, que existen ejemplares de reducido módulo o Beltrán II B parvae, como ya apuntó Beltrán, considerándolos en su caso del tipo II C (1970, 445; y recogidos por Peacock y Williams como asimilables a la Augst 30). Hoy sabemos que estas Beltrán II B de módulo inferior se documentan en diversos contextos, como en Gades, donde se recuperó un ejemplar casi íntegro de apenas 40 cms. de longitud total (figura 4).

Figura 4.- Beltrán II B parva de la Plaza de San Antonio de Cádiz (García Vargas, 1998, 385, fig. 67, 2)

 

Images in the Gallery

Beltrán IIB from Baetica coast
Dressel's exhibition at Mercati di Traiano (Rome) (photography: Juan Moros Díaz)